en búsqueda de simplicidad, autenticidad y cambio positivo

Sentir – cruzando las fronteras de confort

Después de renunciar mi trabajo el año pasado, me puse a pensar qué hacer con toda la libertad que de repente tenía. Durante un año había amontonado mucho estrés y negatividad en mi trabajo: haciendo muchas horas extra sin ser pagada y no teniendo ningún tiempo para mí… Necesitaba irme a algún lado lejos de todo para relajarme, recargar y repensar qué hacer.

Como siempre, en frente de mis ojos mi mente proyectaba las imágenes más vívidas de mí misma en las escenas más dramáticas: viajando por el río Amazonas en un barco humilde y deteriorado de Manaos a Leticia, preferiblemente arriesgando mi vida (y claro, salvándome al final); bailando frenéticamente alrededor de la foguera en una tribu africana; aprendiendo los idiomas indígenas en México; quedando atrapada en la tormenta de nieve en el viaje transiberiano…

Y justo cuando estaba a punto de volverme loca, recibí el mensaje de una chica que había conocido tres años antes en una fiesta en Zagreb. Prácticamente nos vimos solo aquella vez pero desde entonces mantuvimos el contacto esporádico. Cuando le conté sobre mi búsqueda de nueva aventura, me dijo que debería ir a las Azores.

Las Azores? Supe tan poco de estas islas que tuve que guglearlas…y hacer bastante zoom para divisarlas! Ah sí, estaban ahí…en el medio del océano Atlántico…nueve pequeños, casi imperceptibles puntos entre dos mundos… en medio de nada y en medio de todo a la vez – era perfecto. Algunos días después aterricé en Ponta Delgada, en São Miguel, la más grande de las islas.

La típica arquitectura ”açoriana” refleja los lazos del archipielago con el patrimonio portugués.

Lo que más me gustó de explorar las Azores, isla por isla, fue buscar ”el hogar”. Rodeada de la naturaleza imponente, que se veía plácida y dormida como el paisaje encantado en una pintura suspendida en algún lado en el universo paralelo, lejos del alcance humano – eso fue precisamente lo que necesitaba.

Así que todos los días, durante casi tres meses, hice senderismo a lugares más impresionantes para montar mi tienda de campaña y pasar la noche. No cabe duda de que todos los lugares que encontré fueron absurdamente deslumbrantes (y no estoy exagerando), pero hubo uno que se quedó grabado en mi memoria más que otros porque retó seriamente mi intrepidez.

Camino a Barreiro da Faneca, también conocido como ”el desierto rojo” – el área generado por las últimas actividades vulcánicas.

Estuve en la isla de Santa María, caminando por el desierto rojo de Barreiro da Faneca – las llanuras de tierra roja que cubren las empinadas pendientes pedregosas que abajo, en su fondo, se juntaban con el mar. Pude escuchar las poderosas olas rompiéndose contra las rocas y las veía disipándose en espuma blanca. El sol estaba a punto de ponerse así que me apuré para montar mi tienda de campaña. Tuve mucho espacio alrededor y nadie en mi cercanía – ni siquiera las vacas que habían sido mis más fieles compañeras de viaje en las Azores.

Mi mirada las buscaba y empecé a sentir cierta inquietud porque pude verlas solo muy lejos en la distancia- estaban en un cerro acercándose casi de manera ceremonial al borde del precipicio, una trás otra, y se paraban un rato contemplando el atardecer antes de dar vuelta y desaperecer despacio detrás del cerro. Cuando la última vaca se despidió del sol, me quedé sola.

La vista desde mi tienda. Si miran muuuuy atentamente, pueden vislumbrar la última vaca (el puntito blanco) parada en el borde del cerro más alto.

Poco a poco el viento se levantaba haciendo que mi inquietud se fuera convirtiendo en miedo, pero tuve que enfrentar ese momento dramático así que, en vez de poner mi tienda en cualquier lugar lejos de los bordes que conducían al rugido potente del mar, la puse en el lugar perfecto, como preparado específicamente por la naturaleza para mi esa noche, justo al borde del precipicio. Me quedé contemplando los últimos rayos del otro más de los ateredeceres majestuosos azoreanos, absorbiendo todo el calor sutil, la luz y el consuelo que proporcionaban. Después me quedé sola en la oscuridad completa.

Fue una noche larga. El viento se acercaba de todas las direcciones, como si fueran los pasos de un extraño caminando en el pasto seco, quemado por el sol, justo hacia mi tienda (¿dónde más?). Las olas, oscuras y persistentes en su rugido no paraban de recordarme lo cerca que estaba del borde. No había ni una sola luz en ningún lado. Ni casas, ni gente. Pero ”sobreviví”.

¿Por qué me empujó hacia los límites de esta manera, literalmente? Pues, todos hablamos sobre lo útil e importante que es salir de la zona de confort para experimentar y aprender cosas nuevas pero me pregunto si realmente lo hacemos. Porque comprar un vuelo y reservar un cuarto confortable en un hotel en algún país exótico no me parece ser eso. Para mí, salir de la zona de confort requiere abandonar mi confort de tal manera que efectivamente me siento incómoda!

¿Cuál es el sentido? Pues, activas tus emociones y aprendes (de nuevo). La mañana siguiente cuando desperté en la madrugada…

Esta pequeña ”victoria” me hizo sentir orgullosa de mi misma. Me recordé a mí misma que la mayoría de mis miedos son fantasmas que desvanecen con los minúsculos rayos de luz. Tengo que ser paciente y confiar en la luz.

Sentí respeto y gratitud hacia la naturaleza por su poder que a la vez es destructivo y curativo. No la subestimaré.

Sentí que podía hacer cualquier cosa. ¿Qué obstaculo podría tener después de enfrentar y retar ese precipicio?

En resumen, en esta situación fue más oportuno prestar atención y reconocer mis emociones (algo que en realidad se debería enseñar en la escuela). Sentía; fui consciente de mis emociones y aprendí de ellas. Dime, ¿cómo logras incentivar este tipo de aprendizaje en la zona de confort, en la vida diaria donde la gran mayoría de cosas suelen ser controladas, programadas, planificadas y previstas solo para prevenir cualquier tipo de incomodidad? Creo que sí se puede, pero requerría mucho (auto)conocimiento y conciencia que desgraciadamente se pierden fácilmente en la zona de confort.

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Visita la galería entera de las fotos que saqué en las Azores!

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